miércoles, 14 de noviembre de 2007

Veinticuatro minutos

El reloj marcaba las 8:47 de la mañana cuando, a considerables metros de la parada, el colectivo que suele llevarme a mi trabajo me rebasa apresuradamente, obligándome a una competencia tempranera. Un peatón que cambia estrepitosamente de ritmo, sale instantáneamente del anonimato.
Es por eso que mientras me sorprendía por la velocidad capaz de alcanzar a esa hora, presentía que para la mirada de los transeúntes aledaños yo debía ser como el protagonista de una escena emocionante. El esfuerzo por enfrentar la adversidad debía convertirme en una clase de héroe para este público callejero.
Hice entonces mi mejor esfuerzo, alcancé al escurridizo trasporte público y tras un memorioso salto logre asirme elegantemente de la puerta del mismo. A mis espaldas sin embargo, solo se percibía una fría ingratitud, mi sorprendente acto no recolectó ni un mísero aplauso de los allí presentes.
Una vez arriba, saludo con cortesía a un chofer que parece no admitir una derrota. Sin emitir sonido alguno y sin dejar de mirar hacia adelante, simplemente se limita a presionar el importe del boleto en la maquina expendedora. Pensé por un momento en tomar algún tipo de represalia, como saludar nuevamente con voz más elevada y marcando de manera más severa cada sílaba de la oración, pero enseguida reflexioné en lo difícil que debe ser un laburo así. Se trata solo de un hombre cansado y malhumorado, que no puede evitar ver en mí, una parte más de su interminable rutina diaria.
Es momento de seleccionar un asiento. Había muchas ofertas, son pocos los que utilizan esa línea a esa hora de la mañana. Tomé mi decisión y me senté en un asiento individual casi al fondo. Tengo privacidad y de ese lado se disfruta mas del sol, su tibia compañia mitiga un poco el duro día de invierno, aunque más no sea de manera simbólica.
Una vez acomodado, elijo que canción quiero escuchar. Mi música es fundamental, hace que todo se torne diferente. Me permite no dejar estar atento a lo que realmente quiero estar atento. Es así que pude apreciar la gracia de los dibujos realizados por las aves en el cielo, como así también los cabellos dorados y lacios de aquella hermosa mujer sentada sola en los asientos dobles a mi derecha.
Sucede que en este universo nada es perfecto y la alineación de los asientos del 18 no son la excepción. No estaba exactamente a mi lado, es decir su cuerpo se encontraba mas adelantado al mío, no mucho, pero lo suficiente como para esconder tres cuartas partes de su rostro. Aun así, percibía en ella una belleza cautivante.
En un principio intente no darle demasiada importancia, ¿pero…podría ser esto una nueva historia de amor? Quien dice lo antes relatado fuera el principio de una anécdota, que en una futura cena entre amigos robe risas y sonrisas. Sucede que hasta ese momento solo uno de nosotros era el autor, aún no había nacido yo en el mundo de ella.
El dilema surgió cuando me percaté a través de la ventanilla, que esa plaza a la cual estábamos rondando era ya más de la mitad de mí viaje al trabajo. Que relativo resulta el tiempo. Vuelvo mi mirada hacia ella y la súbita delineación de su perfil me pone mucho más nervioso todavía. El héroe que se atrevió a correr un colectivo a medio fundir, se ve que no es tanto frente la adversidad del contexto.
Claro, no solo se trata de hablar con una señorita, el problema yacía en el momento. Digamos que a las 8:59 de la mañana, en un colectivo semi vacío, sentarme de prepo a su lado y encontrar la manera de ganarme la confianza de un después, suena por lo menos irrisorio. ¿O no?...La duda se iba devorando lo poco que quedaba de mi recorrido.
Faltaban pocas cuadras y no hallaba ni la forma, ni la excusa para hablarle. Es un hecho, (ahora lamentable) que una conversación no consta sólo de dos personas dialogando, existen tantas otras cosas que se ponen en juego y que en ocasiones resultan mas determinantes que lo posiblemente dicho.
A tan solo dos calles de mi arribo sentía que ya no había nada por hacer, no era posible desafiar las crueles reglas de la pragmática del lenguaje. Quién es ella, era un misterio que esa mañana parecía no iba a develarse.
De repente, una luz de ingenio y coraje atravesó mi gasolero pensamiento. Tomé un trozo de papel y en tan solo una línea plasme mi deseo mas profundo:
“…ojalá el destino me regale nuevamente, la oportunidad de conocerte…”
Me puse entonces de pie y dispuesto a todo camine directo a su encuentro. Cuando mi figura llamo al fin su atención, su rostro se hizo completamente visible y mi suposición de belleza se hizo concreta. Sus preciosos ojos sin embargo, evitaron rápidamente a los míos y el aburrido paisaje fue para ella más importante que mi presencia.
Durante escasos segundos me quede atónito admirándola, mientras su gris indiferencia apagaba en mí la última llama de valentía. Guarde para siempre el papel en mi bolsillo, di media vuelta y baje del colectivo.
El reloj marcó las 9:11 y así comenzó mi día.

martes, 13 de noviembre de 2007

Renaissance

La última lágrima arrojada desde cielo se estrella contra el piso y furioso el sol reclama su lugar protagonista, aunque más no sea para despedirse. Las preguntas aun sin respuestas, se cristalizan en la mirada de aquellos que decidieron atreverse. Son los hombres que resisten, los que nunca se detienen, los que no mueren jamás. Es el tercer día y ya no hay dolor.
Las puertas del infierno se hacen al fin presentes y en la piel se percibe una calma electrizante. Sabido es que una vez dentro, ya no hay vuelta atrás. De todas formas no existen dudas ni escamoteos, para estos hombres el coraje no es algo negociable.
Noche de demonios y brujerías, elixires y melodías perversas. La realidad se desconfigura volviendose solo un comentario, que a nadie interesa saber si es cierto. El ambiente y la música se hacen carne y es ahí cuando todo comienza.
Entre juegos peligrosos y bailes sobre la cornisa, las cenizas del caído se incendian y de las llamas renace la gloria de la resistencia. Es el momento del contraataque, para aquellos que viajaron hasta el infierno buscando respuestas. De todas ellas, la más valiosa sigue siendo la misma: La unión hace a la fuerza.
Que tema el enemigo, que tema. La resistencia está viva y la victoria será finalmente, su inevitable consecuencia.

martes, 6 de noviembre de 2007

El principio del Fin

Aquella noche fría y hostil, me encontraba en mi barraca bajo una dudosa tranquilidad y con un extraño sabor a pregunta. Los mensajes que llegaban a mis manos anunciaban un suceso sin precedentes, se habían cancelado todas las operaciones.
No circulaban demasiadas razones al respecto, al parecer nadie se encontraba en condiciones de afrontar un combate esa noche. El cansancio pretendía ser la respuesta, pero en numerosas oportunidades había quedado demostrado que el agotamiento no era escollo suficiente para una resistencia siempre dispuesta. Algo más escondía el enigmático aire que respiraba.
A la mañana siguiente me desperté con la amarga sensación de que algo terrible se estaba gestando. Por momentos, tal vez por no atreverme a imaginar un desenlace trágico, conformaba mi filosa intriga con la tonta ilusión de que solo se trataba de una sigilosa pausa, que presagiaba un soñado gran golpe.
Sin embargo, a medida que el tiempo transcurría, desde el frente de batalla nacían inquietantes rumores y todos ellos apuntaban al Cuartel General de Vichy.
Yo evitaba pensar lo que hasta entonces me sonaba a sin sentido. En mi cabeza simplemente no se sostenía la posibilidad de que el enemigo pudiera alcanzar con su ira y rencor, al alma clave del movimiento.
Camaradas, no existe error de estrategia más flagrante que subestimar el poder del rival. Incluso el soldado más raso y menos esperado, puede en un segundo fatal cambiar el curso de una guerra.
Fue así que lo que no creí oír nunca, ni siquiera en mi peor pesadilla se hizo cruda realidad, helando mi sangre y estrujando mi alma. La piedra fundamental de la resistencia, el corazón mas duro de los hombres libres, había caído. Mi General, nuestro General, había sufrido un ataque letal.
Héroe de incontables batallas, forjador de majestuosas empresas, hombre dios que siempre permaneció de pie ante la adversidad, había caminado solo a las puertas del infierno. Confiado en que era solo una batalla más, fue brutalmente masacrado frente a los ojos de un pueblo que atónito veía como el sueño de victoria y libertad se derrumbaba rápidamente.
Este escrito manchado de sangre, sudor y lágrimas, lamentablemente no puede encontrar en mis manos un cierre con atisbos de esperanza. Hoy mi corazón no ve el sol y el mañana es una nube oscura y gris. En la historia se esta tallando un triste capítulo, ha comenzado a ceñirse sobre nosotros el principio del fin.
Abrazo sus corazones, que como el mío se ha vestido de luto mis camaradas. Les deseo a todos muy buena suerte, ya que sin duda alguna, la vamos a necesitar.

Q.E.P.D.