Sucede que frente a aquellos ojos que no abarcan todo y aun así ven más allá, se muestra imponente el latido de un afuera, que respira, crea, muere y con ingeniosa elegancia se renueva. Un fluir de elementos que en una enigmática sabiduría de encadenamientos demuestra que la existencia del hombre, no es más que otro maravilloso acorde en una fantástica sinfonía de vida.
Con la fogosidad propia de un sentimiento, nace esta sana reflexión que propone una nueva concepción del sentido que constituye la relación del hombre y el planeta. Se trata de una unión simbiótica cuyo cuidado excede la imposición del siempre cuestionable deber ciudadano. La concepción social de reglamentaciones no basta para comprender la frágil e imprescindible interacción entre lo humano y su entorno.
Aceptar el orden natural del medio ambiente, comprender la magnitud de su encadenamiento permite notar que en la armonica distribución del conjunto de elementos, se sostiene incluso la condición humana misma.
Es así como la naturaleza se presenta en la totalidad de su (eco) sistema como un solo ser viviente. Nada sale de su encuadre y todo se rige desde su ordenamiento. Un lazo común que cruza a todas las especies y las formas, determinando el porque de su existencia.
La naturaleza es el principio de todo y nuestra propia historia social, cultural e individual solo puede escribirse con la tinta que ella nos ofrece. Derramar y menospreciar esa oferta solo nos acerca a una cruda demostración. El altruismo y la soberbia humana solo hará presente un catastrófico límite y la imparcial justicia del equilibrio natural demostrará la fragilidad del mundo conocido.
Aceptar el orden natural del medio ambiente, comprender la magnitud de su encadenamiento permite notar que en la armonica distribución del conjunto de elementos, se sostiene incluso la condición humana misma.Es así como la naturaleza se presenta en la totalidad de su (eco) sistema como un solo ser viviente. Nada sale de su encuadre y todo se rige desde su ordenamiento. Un lazo común que cruza a todas las especies y las formas, determinando el porque de su existencia.
La naturaleza es el principio de todo y nuestra propia historia social, cultural e individual solo puede escribirse con la tinta que ella nos ofrece. Derramar y menospreciar esa oferta solo nos acerca a una cruda demostración. El altruismo y la soberbia humana solo hará presente un catastrófico límite y la imparcial justicia del equilibrio natural demostrará la fragilidad del mundo conocido.
Ante la mirada de aquellos que aprenden a observar sin narcisismos de especie, la ecología no es una obligación moral sino la simple necesidad biológica de aceptar lo inteligente.
2 comentarios:
Destruimos cuando creamos
Destruimos cuando crecemos
Destruimos cuando somos
Lo natural es extraño para el hombre.
Es baladí juntarnos con la naturaleza. Pero es necesario intentarlo.
"Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿ Para que sirve la utopía?
Para eso sirve ..... para caminar." Eduardo Galeano
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