miércoles, 16 de abril de 2008

Un hombre solitario

El señor Enriquez era conocido en su ambiente laboral como un hombre callado, amable y sorprendente. Siempre saludaba con cordialidad a sus colegas de oficina pero no se prestaba a una conversación más extensa que el estado del tiempo. Algunos parlanchines que con insistencia intentaban establecer un dialogo mas profundo, como por ejemplo lo visto la noche anterior en TV, aseguraban que se trataba de un hombre muy coloquial. Sin embargo sucede que desde la amabilidad, el señor Enriquez elegantemente proponía asentimientos y sonrisas que le hacían creer a su interlocutor que la charla era un todo éxito, cuando en realidad pasaban un buen rato hablando solos.
Si bien, quienes compartían los días laborales junto a él aseguran que existía, en realidad nadie puede asegurar conocerlo. Sentado tras su escritorio, el señor Enriquez realizaba su labor de rutina y solo se levantaba para ir al baño o a fumar un cigarrillo mañanero a la puerta del edificio. No tenía fotos, ni recibía llamados telefónicos. Su vida fuera del trabajo resultaba un completo misterio.
Ahora bien, hay algo que distinguía al señor Enriquez y era su mirada sabia y atrapante. La viuda de contable lo tildaba de sátiro y pretendió correr el rumor de que en numerosas ocasiones notó la inquisidora mirada del señor Enriquez detenida bajo su falda cuando esta se disponía a cargar el termo para el mate. De todas formas quienes conocen a esta decorosa dama, saben bien que nadie en su sano juicio podría sacar algo bueno de esa experiencia.
En general la mayoría de sus compañeros lo admiraba. Algunos lo creían un intelectual, otros aseguraban que era gran un poeta anónimo y hay quienes dicen que simplemente se trataba de un hombre que ha sufrido mucho. Siendo las tres opciones la misma, Enriquez era para sus colegas el hombre más inteligente de toda la organización.
Tanto ha llegado a conmover su prestancia, que sin realizar sobre esfuerzos laborales como pueden ser horas extras, se le han propuestos cuantiosos ascensos (incluso ser parte del directorio) negándose en cada oportunidad. Nadie nunca entendió el porque de su falta de ambición, quizás porque ni siquiera se molestó en dar una mínima explicación al respecto.
Actitudes como estas son las que hicieron de la figura de Enriquez un modelo a seguir. Tal es así, que en la fiesta de fin de año tras un emotivo discurso presidido por el presidente de la empresa, fue elegido por todos sus colegas como el mejor compañero. El galardón le fue entregado a Enriquez por el empleado de recepción el lunes siguiente, ya que este no asistió al evento.
Un buen día, un abogado de personal noto que el señor Enriquez no se encontraba en su puesto laboral. De hecho no había marcado la entrada desde hacía una semana. Intentaron por todos los medios comunicarse con él pero fue en vano. No tenía teléfono particular y cuando un mensajero se apersonó a su domicilio noto que la dirección suministrada en su legajo era inexistente.
Si hasta ese entonces Enriquez era ya un misterio, ahora se transformaba en leyenda. Numerosas historias se lucubraron tras su desaparición. Desde una muerte violenta y heroica, hasta considerarlo un agente secreto que tan solo cambió de fachada. Hay incluso quienes lo veneran como a un santo que asegura tu número en la quiniela vespertina.
En su honor y homenaje, la empresa colocó en el hall de entrada una placa de dimensiones considerables con su imagen y una frase más que acertada:

“Al Sr. Enriquez, el hombre mas maravilloso jamás conocido”



Dedicado a quienes saben que lo importante está afuera

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por la dedicatoria... Admirable lo de Enriquez!!!
Lau O. (Lo de 'anónimo dijo...' es porque no tengo ganas de dar tantas vueltas...!)