viernes, 19 de diciembre de 2008

La renovación de siempre

Hay mañanas donde nada nos convence. No hay ropa que acompañe nuestro cuerpo y no hay cielo que relaje nuestro esfuerzo. Los pasos en las calles plagadas de cosas se vuelven someras estocadas de existencia mientras llevamos a cuestas una pesada búsqueda de supervivencia.
Todo alrededor se mueve y buscamos ver en cual de todos esos vaivenes está clave que renueve la sonrisa. En las vidrieras se venden sueños y en la vereda se compra todo. El vértigo del mundo nos convierte en bulímicos del deseo y todo lo que comemos nunca nos termina de llenar.


Pero también hay mañanas en que nos damos cuenta de todo esto y si podemos volvemos a comenzar. Respiramos hondo y sentimos el calor de lo real, la energía sorprendente del detalle más pequeño. Ese día es el día en que sabemos que algo está por pasar, cuando todo cambia, mientras todo sigue igual.