Si algún dios existiera, algo que te castigue con justicia verdadera, te despertarías un día cualquiera metido hasta los talones en el barro de la miseria, en la peor cara del sistema.
Te dolerían las tripas del hambre,
el alma por el eterno duelo y la espalda de tanto castigo sin freno.
Verías la vida cuesta arriba todo el tiempo y oirías las risas de aquellos que disfrutan el beneficio de tu lamento.
Y entenderías quizás, porque no hay más lugar para discutir todo esto.
A través de tu propio espejo verías que siempre fuiste un hijo de puta,
un genocida a sueldo.
Te dolerían las tripas del hambre,
el alma por el eterno duelo y la espalda de tanto castigo sin freno.
Verías la vida cuesta arriba todo el tiempo y oirías las risas de aquellos que disfrutan el beneficio de tu lamento.
Y entenderías quizás, porque no hay más lugar para discutir todo esto.
A través de tu propio espejo verías que siempre fuiste un hijo de puta,
un genocida a sueldo.

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