jueves 23 de julio de 2009

Un nadie

Esa noche caminaba hacia el mismo hospital de siempre. Sabía que podía acomodarse en algún banco de madera, en aquellos pasillos olvidados de la salud social venida tan a menos como su aspecto y su realidad.
Lo acompañaba hace años ese mismo aliento desgastado por el alcohol barato y la poca suerte. Un andar errático que a veces arrastraba sus pies, lo convertían en un fantasma a la vista de todos. A veces asustaba a los demás, a veces daba pena y en otras hasta bronca racial, pero nadie lo recordaba jamás a la vuelta de la esquina.
Parece imposible, pero alguien alguna vez le puso un nombre y soñó su vida. Tuvo la ternura del bebé en sus ojos y sembró en su corazón las fantasías de todo niño. Lo que vino después ya no está y solo él sabe que pasó realmente, aunque tal vez ni siquiera eso.
Nadie, nada. Las palabras que más se ajustaban a su cotidianeidad marginada. La historia del mundo que se escribe todos los días, tiene renglones vacíos y apartados para aquellos hombres que son el sobrante de esta ingeniería social, tan poco genial. Comas que no dicen nada, ni cambian a nadie.
Como un árbol que se cae sin ningún oído alrededor, esa noche no llego al banco de aquel pasillo venido a menos como él. Suspiro por última vez caído en las escaleras del hospital. Suspiro cansado y hasta con alivio, aquel fantasma ignorado que a la vista de todos murió esa noche, tan solo un poco más.


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