Esa noche caminaba hacia el mismo hospital de siempre. Sabía que podía acomodarse en algún banco de madera, en aquellos pasillos olvidados de la salud social venida tan a menos como su aspecto y su realidad.
Lo acompañaba hace años ese mismo aliento desgastado por el alcohol barato y la poca suerte. Un andar errático que a veces arrastraba sus pies, lo convertían en un fantasma a la vista de todos. A veces asustaba a los demás, a veces daba pena y en otras hasta bronca racial, pero nadie lo recordaba jamás a la vuelta de la esquina.
Parece imposible, pero alguien alguna vez le puso un nombre y soñó su vida. Tuvo la ternura del bebé en sus ojos y sembró en su corazón las fantasías de todo niño. Lo que vino después ya no está y solo él sabe que pasó realmente, aunque tal vez ni siquiera eso.
Nadie, nada. Las palabras que más se ajustaban a su cotidianeidad marginada. La historia del mundo que se escribe todos los días, tiene renglones vacíos y apartados para aquellos hombres que son el sobrante de esta ingeniería social, tan poco genial. Comas que no dicen nada, ni cambian a nadie.
Como un árbol que se cae sin ningún oído alrededor, esa noche no llego al banco de aquel pasillo venido a menos como él. Suspiro por última vez caído en las escaleras del hospital. Suspiro cansado y hasta con alivio, aquel fantasma ignorado que a la vista de todos murió esa noche, tan solo un poco más.

Parece imposible, pero alguien alguna vez le puso un nombre y soñó su vida. Tuvo la ternura del bebé en sus ojos y sembró en su corazón las fantasías de todo niño. Lo que vino después ya no está y solo él sabe que pasó realmente, aunque tal vez ni siquiera eso.
Nadie, nada. Las palabras que más se ajustaban a su cotidianeidad marginada. La historia del mundo que se escribe todos los días, tiene renglones vacíos y apartados para aquellos hombres que son el sobrante de esta ingeniería social, tan poco genial. Comas que no dicen nada, ni cambian a nadie.
Como un árbol que se cae sin ningún oído alrededor, esa noche no llego al banco de aquel pasillo venido a menos como él. Suspiro por última vez caído en las escaleras del hospital. Suspiro cansado y hasta con alivio, aquel fantasma ignorado que a la vista de todos murió esa noche, tan solo un poco más.
